Dicen que aprendió palabras silbadas para reunir al rebaño sin alzar la voz. Cuando faltaba agua, el barranco respondía a su saludo y cedía un hilo claro. Si hoy oyes un silbo agudo, tal vez no sea un móvil: quizá sea ella enseñándote a pedir sin exigir, a agradecer sin ruido.
Una noche clara, una chispa del cielo apagó su fragua y encendió el agua. Desde entonces, el hierro templado en ese tramo nunca se dobla injusto, dicen. Busca el vado brillante, toca la piedra fría. Si tu llave abre suave, recuerda dejar una moneda para el brillo futuro.
El perro guiaba a caminantes indecisos hasta el desvío correcto, siempre ladrando dos veces antes del cruce. Un invierno desapareció, pero aún hoy muchos escuchan el doble aviso cuando dudan. Si te ocurre, déjale un trozo de pan. Hay guardianes que sólo piden migas, tiempo y una sonrisa.
All Rights Reserved.