Cuidar el archivo y compartir con sentido
El trabajo no termina al bajar la cámara. Nombra, cataloga y resguarda con orden amoroso: metadatos claros, copias en distintos lugares, impresiones que se tocan. Al compartir, piensa en lectores reales: vecinos, escuelas, centros culturales. Diseña exposiciones que contemplen accesibilidad, lengua local y horarios comunitarios. Piensa en libros con papel que favorezca textura, no brillo vacío. Invita al diálogo, anota comentarios y vuelve con nuevas preguntas. Un archivo cuidado protege memorias y sostiene futuras conversaciones compartidas.